Juan Fernando Yáñez: “La Isla Grande, nuestro pequeño continente”

“Te vas a enterrar profesionalmente en Chiloé”, fue una de las frases que el arquitecto colombiano Juan Fernando Yáñez escuchó cuando decidieron junto a su esposa la odontóloga Mónica Quintero, partir a radicarse al sur de Chile. De eso hace ya 14 años, y felizmente esa predicción no se cumplió, sino que por el contrario, el arquitecto pudo desarrollar y consolidar su profesión en tierras chilotas. Y no sólo en el área del diseño y la construcción, también en la organización gremial y las comunicaciones.

Juan Fernando Yáñez Porras, es el ganador del  Premio Joaquín Toesca 2017, que otorga el Colegio de Arquitectos de Chile y que distingue a un arquitecto que si bien no nació en Chile, desde su trabajo ha contribuido al desarrollo de la arquitectura en nuestro país, y está inspirado en el italiano Joaquín Toesca, uno de los arquitectos más importantes del período colonial que diseñó emblemáticas obras, como el Palacio de La Moneda y la Catedral Metropolitana de Santiago.

Viaje a Chiloé

Nació y creció en Cúcuta y posteriormente se radicó en Bucaramanga, a donde llegó para realizar los estudios superiores en la Universidad Santo Tomás de Aquino. Estas ciudades colombianas, están  marcadas a fuego en el corazón del arquitecto, afirmando que “mi hogar estaba en ambos lugares, en uno estaba el seno familiar, el calor de hogar de mis padres y hermanos (Margarita y Nicolás) y los recuerdos y vivencias de la niñez, en el otro atesoraba la vida adulta, el aprendizaje, la formación como individuo y profesional”.

Enfrentados a la difícil realidad económica de la época en Colombia, decidieron junto a su esposa aventurarse en busca del lugar en el cual poder hacer realidad la vida que anhelaban. Así llegaron a Santiago, de paso por dos meses, para luego partir a lo que sería el final de esa larga e intensa búsqueda: Chiloé. “El universo nos presentó una oportunidad de viajar a Chiloé (es importante reconocer aquí – y hasta ofrecer disculpas, por qué no – que en un principio en nuestra pobre ignorancia llegamos a pensar que Chiloé no era más que otra de las comunas de la Región Metropolitana).  Cuán equivocados estábamos al descubrir que nos deparaba un largo viaje, de casi 18 horas, con cruce del mar en transbordador incluido, a una isla que no era tan isla, pues se trataba del mágico y hermoso archipiélago de Chiloé, en la Patagonia insular chilena, cuya Isla Grande se ha convertido hoy en nuestro pequeño continente”, recuerda.

Al poco tiempo del arribo al Archipiélago aprendió que “con madera todo es posible”, al integrarse a trabajar a la oficina del arquitecto Edward Rojas. “Encontré al arquitecto y amigo, Premio Nacional de Arquitectura, quien me abrió las puertas de su taller para entender que en arquitectura la modernidad se nutre y se sustenta en la tradición, o de lo contrario ésta carece de espíritu, y con quien he tenido la oportunidad y el orgullo de trabajar desde el momento mismo de mi llegada; taller en el que a lo largo de estos trece años hemos desarrollado innumerables proyectos de la más diversa índole, desde una pequeña cabaña en el bosque hasta la restauración de un castillo español, pasando por hoteles, palafitos, iglesias, parques naturales, y tantos edificios y tan variados, en la constante búsqueda de ese equilibrio o ‘modernidad vernacular’, el de la intervención respetuosa y apropiada”, reconoce.

Esta teoría también la aplica en la docencia en la escuela de arquitectura de la Universidad Arcis,  sede Patagonia, siendo coordinador de carrera, en su oficina propia y en la activa participación en la Delegación Chiloé del Colegio de Arquitectos. “Hemos conformado un equipo sólido y proactivo, ejemplo en el país del quehacer gremial y de una inquieta vinculación con la comunidad, preocupados por el lugar, sus habitantes, proclives a fomentar la participación y el reconocimiento de aquellos que procuran realizar un aporte al desarrollo ´identitario´ del territorio”, explica, destacando el orgullo y el honor que siente al ser el director para la comuna de Castro de la delegación Chiloé, miembro activo de la directiva, socio fundador de la Corporación de Estudios Urbanos y Arquitectónicos de Chiloé, CEUACH, y coordinador del Sistema de Certificación Normativa.

Este trabajo se ve complementado desde hace más de tres años con un sitio de difusión y participación por medio de un programa radial se denomina “Adónde vas Chiloé – un espacio del Colegio de Arquitectos”, el cual conduce y dirige desde su nacimiento, hace más de 170 programas, con el apoyo incansable y comprometido de un equipo humano que hace posible su realización y continuidad. Se trata, como su nombre lo dice, de un espacio abierto de conversación en torno a temáticas relacionadas con la arquitectura, el patrimonio, el arte, la cultura y el desarrollo territorial, cuestionando a partir de los orígenes el rumbo a seguir, el sueño a construir.

 

Hogar y territorio

Hoy, el ganador del Premio Joaquín Toesca, reconoce que cada vez que viaja a su amada Colombia lo hace con boletos “de ida y vuelta”, pues junto a su esposa han encontrado y construido en Chiloé su hogar, el que en la actualidad también lo conforman Anamaría del Mar de 11 años y  Juan Alejandro de 7. “La princesa más hermosa que el mundo conocerá y el hombrecito más encantador del planeta”, según los define.

“Si bien, ser merecedor de este premio es un gran orgullo personal, constituye a su vez una tremenda responsabilidad, pues por intermedio de mi trabajo, que más que una destacada labor individual da cuenta de la preocupación por ser parte de un equipo, por integrarse al territorio donde se habita, por ser aporte efectivo a la comunidad desde las posibilidades personales e individuales, espero que tanto los migrantes como los nacionales reconozcamos todos nuestra responsabilidad en la construcción de un mejor futuro”, finaliza.

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