Incendio en la Iglesia San Francisco de Ancud: un llamado urgente a la reflexión

En la mañana de ayer, ha dejado de existir la Iglesia San Francisco de Ancud. Lugar de espiritualidad, de recogimiento y alegrías, de despedidas y comienzos. Lugar de las periódicas reuniones con los vecinos, de ponerse al día. Un hito dentro del paisaje, un orgullo para Ancud y Chiloé, en la que se exaltaba la capacidad alcanzada por los tradicionales carpinteros, cuyo oficio enaltecen a través de estas obras magistrales construidas para el mismísimo Dios, y sin embargo objeto del hombre y su diario quehacer.

Hoy Chile ha perdido un Monumento Nacional, un eslabón de la historia del país y parte importante de su cultura.

Y es que nuestro patrimonio en madera es muy vulnerable. De todas las iglesias de importancia patrimonial del archipiélago, que son muchas más que las 16 declaradas Patrimonio de la Humanidad, la mayoría se encuentra en un estado de conservación malo a regular, requiriéndose fondos exorbitantes para superar urgencias y evitar que los templos caigan. Son pocas las iglesias que han sido restauradas y se encuentran hoy en buen estado de conservación. De ellas sólo tres cuentan con sistema de detección y control de fuego.

Ante el desconocimiento del origen de las llamas -se habló de un desperfecto eléctrico e incluso se investiga una presunta intencionalidad- cabe reflexionar acerca del patrimonio y su protección, y de cuáles son los motivos profundos que hacen que nuestro patrimonio sea tan vulnerable.

¿Qué responsabilidad le cabe a la comunidad, quienes haciendo su mejor esfuerzo, a través de mingas, de colectas, de aportes voluntarios no logra reunir los altísimos montos para intervenir una estructura tan especializada?

¿Qué responsabilidad le cabe al gobierno?, cuando los procesos de protección y la solicitud de fondos son largos y engorrosos, llenos de burocracia. Esta iglesia ya tenía un proyecto de intervención desarrollado, pero el decreto de Monumento Histórico aún no se oficializa después de más de tres años de ser aprobado por el Consejo de Monumentos Nacionales, con lo que se coartó  el acceso a los fondos para, entre otras cosas, generar un sistema de control de incendios.

¿Qué responsabilidad nos cabe a todos nosotros, por no saber valorar y cuidar lo nuestro? ¿Por ser incapaces de entender las consecuencias que nuestros actos traen? ¿Será por la falta de educación y la falta de respeto que nos tenemos los unos a los otros?

Sabemos que el escenario es complejo, y volcamos nuestra mirada  a las necesidades más urgentes, sin comprender que nuestra identidad y patrimonio son vitales, son tan importantes como la salud y la educación, porque es lo que nos hace quienes somos, lo que nos da un sentido de vivir vinculados a nuestro territorio. Por ello se requiere ya una nueva Ley de Patrimonio, una que garantice un proceso eficiente de protección y salvaguardia de inmuebles como este y del patrimonio intangible asociado a los mismos, que aporte desde lo financiero pero sobre todo desde la participación y la educación. Finalmente todos somos responsables.

Afortunadamente, el proceso de declaratoria dejó consigo un levantamiento completo de información de San Francisco. Este registro quizás posibilite una eventual reconstrucción. Surge entonces la necesidad de un nuevo debate, respecto a la pertinencia y sentido de esta posibilidad, un debate serio y con altura de miras, en que la comunidad y el contexto socio cultural local y mundial tienen mucho que decir. ¿Debemos tratar de resucitarla, o simplemente debe descansar en paz, vivir a través de nuestra memoria?

Olivia Medina
Presidenta Comité de Patrimonio Delegación Chiloé
Colegio de Arquitectos de Chile

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