Barrio de Palafitos Gamboa | Por Juan Fernando Yáñez

Herederos del desaparecido pueblo Chono – originarios habitantes nómades del mar, navegantes por excelencia de los canales del sur a bordo de sus Dalcas – y descendientes del pueblo Huilliche – grandes conocedores de la tierra y de sus bosques – los chilotes poseen esa innegable y potente relación con el mar y la tierra, cuya síntesis más pura se materializa en arquitectura con el habitar palafítico del bordemar.

Croquis: Palafito – autor: Edward Rojas

El barrio Gamboa, como fenómeno urbano, es considerado el primer asentamiento palafítico en Chiloé, producto de la migración campo – ciudad de finales del siglo XIX y principios del siglo XX.  Su surgimiento como barrio marginal, localizado en la periferia de Castro junto a la desembocadura del río que le otorga su nombre, incorpora desde su génesis las lógicas de la vida rural al espacio arquitectónico.  En ellos se accede fácilmente al mar, en sus terrazas se crían cerdos y gallinas, y así, en ese acotado espacio de “ocupación irregular” del borde costero, se hace posible la vida urbana.

Barrío Gamboa – década del 60 / archivo fotográfico Edward Rojas

Sobreviviente al terremoto y maremoto de 1960 y al decreto alcaldicio de erradicación de fines de los años 70, el barrio ha sufrido importantes cambios a lo largo del tiempo; los ritmos urbanos se han impuesto, el mundo rural asociado ya no está presente, y en particular en la última década han aparecido nuevos usos una vez vinculados a otros sectores de la ciudad, dado el evidente potencial turístico de tan singular lugar.

Hoteles boutique, cafés, hospedajes, restaurants, lugares de promoción turística y de producción artesanal conviven hoy con el tradicional uso residencial del sector.  Turistificación o gentrificación denuncian algunos, la ciudad como espacio cambiante y adaptable a nuevas lógicas esgrimen otros, sin embargo el valor primordial del lugar es precisamente el habitar anfibio, la permanencia palafítica en el borde, respetuosa de su entorno y sus habitantes, como testigo permanente de aquella herencia de su origen, y como tal, original.

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